Rafael Viñoly y su desafío de pensar ciudades a la altura de su tiempo

Rafael Viñoly y su desafío de pensar ciudades a la altura de su tiempo

Berto Montaner realizó una importante donación de libros de Viñoly a la biblioteca del Centro Argentino de Ingenieros

Hace un tiempo Berto Montaner, editor de Clarín Arquitectura, nos comentó de unos libros que Rafael le había regalado antes de fallecer. En un gesto desinteresado nos ofreció donarlos a la biblioteca del CAI y aprovechar la oportunidad para recordarlo en un sentido homenaje.

Viñoly fue un profesional detallista, excéntrico, talentoso y respetado por colegas de diferentes generaciones.  Formado en la Universidad de Buenos Aires (FADU-UBA), a la que recientemente donó el diseño del extraordinario pabellón Cero + Infinito. Su reconocimiento internacional tuvo como uno de sus primeros pasos el Forum Internacional de Tokio, un complejo de 150.000 metros cuadrados considerado por muchos como el centro cultural de referencia de Japón.

Sin dudas fue uno de los arquitectos latinoamericanos más influyentes en el escenario global. hasta el icónico edificio del “20 Fenchurch Street”, en Londres, más conocido como el “Walkie-Talkie”, sus obras combinan innovación técnica, sensibilidad estética y una profunda conciencia del impacto social y urbano. Viñoly no concebía la arquitectura como un objeto aislado, sino como un actor en la escena de la ciudad. “Buildings are forms of performances”, solía decir, subrayando que cada edificio es parte de una trama colectiva.

En la Argentina dejó su huella en el Museo Fortabat, en Puerto Madero, y el gran complejo de Argentina Televisora Color (ATC), en Recoleta. Viñoly se adelantó a su tiempo al integrar espacios verdes, terrazas habitables y un planteo de iluminación natural que todavía hoy resulta ejemplar. La Torre Prourban, conocida como “El Rulero”, se consolidó como hito visual en la avenida 9 de Julio, en Retiro. El Conjunto Rioja, en Parque de los Patricios, mostró que la vivienda social podía pensarse con audacia tipológica y espacios de encuentro comunitario. A estos se suman el edificio residencial en Casares y Gelly con sus terrazas proyectadas hacia el parque, y una serie de proyectos institucionales y residenciales que demostraron que la innovación no está reñida con el contexto local.

¿Cuál es la lección que nos deja Viñoly? Que la arquitectura y la ingeniería deben anticipar el futuro. Que las ciudades necesitan obras capaces de trascender la mera función para convertirse en símbolos, referentes y motores de transformación. Y que esa audacia, lejos de ser un capricho formal, debe estar acompañada de rigor técnico, responsabilidad social y visión internacional.

Para Viñoly, la arquitectura progresa cuando se atreve a romper moldes: conjuga innovación tecnológica y cuestionamiento de lo convencional, dos fuerzas que impulsan su verdadero avance como disciplina cultural y social.

No olvidemos que Viñoly integraba el American Institute of Architects, el Royal Institute of British Architects (RIBA), el Japan Institute of Architects y la Sociedad Central de Arquitectos en Buenos Aires. También fue socio honorario del CAI, pero sobre todo fue un arquitecto del mundo con raíces en nuestra Buenos Aires. Su obra nos recuerda que las ciudades que se atreven a pensar más allá de lo inmediato son las que terminan escribiendo la historia.