Fin de ciclo

Nos enseñaron a entrar a la cancha.

A asumir desafíos. A aceptar un trabajo. A emprender. A construir una carrera. A jugar para ganar. A aguantar los 90 minutos.

Mucho menos hablamos de una competencia igual de valiosa: saber cuándo darle fin a un ciclo.

“Entiendo que es el momento”. “Se van cerrando etapas”. “Me vacié”.

En el fútbol hay que saber leer el partido. En la vida profesional, también.

Un ciclo puede terminar porque cumplimos lo que vinimos a hacer. Porque los requerimientos del partido cambiaron y nuestras habilidades quedaron desactualizadas. Porque ya no podemos. Porque ya no queremos. Porque perdimos interés. Porque el costo personal se volvió demasiado alto. O porque esa camiseta que alguna vez nos llenó de orgullo ya dejó de representarnos.

Puede pasarle a un CEO, a un gerente, a un analista o a un pasante.

El gran rival es la inercia.

Seguimos jugando porque conocemos la cancha. Porque tenemos miedo de pedir el cambio. Porque ignoramos cuál será el próximo partido. Porque el sueldo llega todos los meses. Porque confundimos perseverancia con permanecer.

¿Cuánto hace que terminó tu partido y todavía seguís corriendo detrás de la pelota?

La metacognición también es eso: poder mirarnos desde la tribuna y preguntarnos si todavía tiene sentido seguir en la cancha.

“Hay muchos chicos que vienen detrás y merecen tener su oportunidad”.

Dar fin a un ciclo también es hacer lugar. Pasar la pelota. Dejar entrar a otro. Cambiar de posición. Incluso aceptar que llegó el momento de sacarse una camiseta para descubrir cuál queremos vestir después.

En management hablamos mucho de saber cuándo entrar.

Una buena carrera también exige leer cuándo el partido terminó.

Porque los ciclos pueden empezar bien.

Y también merecen terminar bien.

¿Qué partido seguís jugando por inercia aunque tu tiempo ya se cumplió?

 

Soledad Corbière

CEO Thinking Partner, Coach y Socia CAI