El futuro productivo de la Argentina en jaque
Hay un problema estructural que hoy se minimiza porque todavía no duele demasiado. Aún existe un plan B: cuando faltan jóvenes, se recurre a los más grandes. Generación X, Baby Boomers, profesionales con décadas de oficio que siguen sosteniendo industrias críticas.
Funciona.
Pero no es sostenible.
En 5 a 10 años, una parte significativa de esas personas se va a jubilar, va a salir del sector o van a reducir su participación. Y cuando eso ocurra, el mercado laboral no tendrá margen de maniobra. No habrá reemplazo inmediato. No habrá plan B.
El futuro productivo de la Argentina —y esto también ocurre a escala global— depende de industrias que hoy no resultan tan atractivas para los jóvenes: petróleo, gas, minería, infraestructura y todas sus industrias asociadas. Sectores exigentes, con largas jornadas, alta responsabilidad operativa y formaciones técnicas duras, extensas y cada vez menos elegidas.
A esto se suma otro fenómeno silencioso: muchos jóvenes formados en ingeniería y ciencias duras migran hacia la industria tecnológica, buscando mayor flexibilidad, mejores narrativas, ciclos de aprendizaje más cortos y una promesa —real o no— de sentido e impacto. El resultado es una salida constante de talento desde energía, minería e infraestructura hacia software, data y plataformas digitales.
Las encuestas son claras. Para los jóvenes hay tres condiciones innegociables:
- Propósito creíble.
- Impacto ambiental y social explícito.
- Desarrollo y aprendizaje continuo.
Este problema hoy parece secundario porque aún puede disimularse. Mañana será una hiperurgencia nacional.
No se resuelve “motivando” personas. Nadie necesita ser motivado cuando trabaja de algo que le hace sentido, le sirve y le gusta. En esos casos, la gente se queda porque le conviene.
Se resuelve comprendiéndolos en serio, logrando acercar la industria, la empresa y al candidato. Las organizaciones argentinas necesitan atraer hoy a jóvenes que mañana serán mandos medios, y que ya estén automotivados a quedarse, aun cuando sus motivos resulten irrelevantes o incomprensibles para generaciones anteriores en puestos directivos actuales.
Habrá que bajar el ruido, acercar el bochín y ser flexibles.
Porque sin personas, no hay energía.
Sin energía, no hay industria.
Y sin industria, no hay futuro posible para la Argentina.
Soledad Corbière
Directora de CORBIERE & Co.Technical Recruitment y Socia CAI

