Harakiri al flow

Te hablo a vos, ingeniero.

Al que entiende sistemas, reglas, desafíos y feedback. Justamente por eso: trabajar de algo que no te genera placer, entusiasmo o satisfacción profunda es un harakiri profesional silencioso. No explota. No hace ruido. Pero apaga lo mejor que tenés.

Hay algo claro: cuando el trabajo se vive con disfrute, goce intelectual y sentido, ese estado no se queda en lo laboral. Se expande. Impacta en la energía diaria, en la forma de pensar, en la calidad de las decisiones y en cómo encarás los desafíos fuera del trabajo.

Para las nuevas generaciones, esto no es un “nice to have”. Disfrutar el trabajo es crucial y no negociable. Tienen mucha menos intención de sobreadaptarse a roles que no les resultan coherentes ni valiosos. No están dispuestos a sacrificar interés, aprendizaje y disfrute a cambio de permanencia.

Cuando el trabajo funciona como un buen juego —difícil, desafiante, con reglas claras y propósito— aparece ese estado en el que el tiempo desaparece. Mihály Csikszentmihalyi lo llamó Flow en su libro “Fluir (Flow): una psicología de la felicidad”.

En flow pensás mejor, resolvés mejor, aprendés más rápido. No es motivación ni clima laboral: es diseño. Como en un juego bien hecho, el desafío está alineado con tu nivel de habilidad, hay feedback inmediato y un objetivo que vale la pena.

Los griegos distinguían dos formas de vivir el tiempo. Chronos era el tiempo que avanza de manera lineal: horas, días, años que se acumulan. Kairos, en cambio, era el tiempo con sentido: el momento oportuno, pleno, donde algo importante sucede.

Cuando el trabajo deja de ser juego, quedás atrapado en Chronos. Cumplís. Ejecutás. Repetís.
El flow vive en Kairos: en ese tramo en el que estás completamente absorbido por lo que hacés y el reloj deja de importar.

No importa la edad ni la etapa de carrera.
El talento no se gasta: se apaga cuando pierde entusiasmo.

No se trata de renunciar mañana.
Se trata de pensar con cabeza de ingeniero.

¿Tu trabajo te genera disfrute, interés y desafío real, o solo consume tiempo?
Porque cuando el flow desaparece, el costo no es emocional.
Es profesional.

Y ese harakiri al flow, aunque silencioso, siempre se paga.

 

 

Soledad Corbière

Directora de CORBIERE & Co.Technical Recruitment y Socia CAI