Terremotos de Colombia y Venezuela: qué determina los daños, según la ingeniería estructural
El pasado martes 15 de septiembre de 2026 se desarrolló una charla dictada por el Prof. Raúl D. Bertero (FIUBA) en el marco del ciclo Charlas CAI, en la Biblioteca del Centro Argentino de Ingenieros. en la cual se trató sobre los terremotos, estos no se pueden predecir ni evitar. Pero sí se pueden controlar sus efectos sobre los bienes y las personas, gracias a los conocimientos de la ingeniería estructural desarrollados en las últimas décadas.
La exposición diferencia el fenómeno sísmico que no puede controlarse de los daños que produce en edificios y viviendas, que sí dependen, en gran medida, de decisiones humanas: reglamentos, diseño arquitectónico y calidad constructiva.
La evidencia de los daños y la responsabilidad de la ingeniería
La charla comienza con dos videos grabados en La Guaira, Venezuela. En el primero se observa el movimiento provocado por el sismo; en el segundo, el expositor pide concentrarse no en las personas que salen de un edificio, sino en la construcción que aparece detrás, con un comportamiento incompatible con la ciencia y con los reglamentos modernos.
A partir de esa evidencia, Bertero plantea una idea que atraviesa toda la charla: el terremoto en sí no mata directamente a las personas. Las muertes suelen producirse por el colapso o el mal comportamiento de las construcciones. Por eso, ante un desastre sísmico, no alcanza con la mirada de los geólogos: también deben intervenir los ingenieros estructurales, porque de ellos depende buena parte de la respuesta de los edificios.
Colombia y Venezuela: magnitud similar, consecuencias muy distintas
Los terremotos de Venezuela (24 de junio de 2026, magnitud 7,2 y 7,5) y Colombia (10 de agosto de 2026, magnitud 7,4) tuvieron magnitudes cercanas, pero no fueron fenómenos equivalentes.
El sismo colombiano fue mucho más profundo alrededor de 110 kilómetros frente a un sismo venezolano muy superficial, de apenas 10 a 20 kilómetros de profundidad. Esa diferencia modificó fuertemente la intensidad del movimiento que llegó a las ciudades.
El resultado: en Venezuela se registraron alrededor de 6.500 víctimas fatales, mientras que en Colombia la cifra rondó las 300, aunque la cantidad de viviendas destruidas fue aproximadamente similar en ambos casos. La explicación no está solo en la magnitud, sino en la combinación de profundidad, distancia a las ciudades y tipo de construcciones afectadas.
A esto se suma la distancia: el sismo venezolano se ubicó a unos 40 kilómetros de Caracas, mientras que el colombiano ocurrió a unos 250 kilómetros de Bogotá. Esa combinación de mayor distancia y mayor profundidad ayuda a explicar por qué Bogotá resistió relativamente mejor en términos de víctimas, aunque no evitó daños ni pérdidas de viviendas en el resto del país.
Del lugar de la ruptura al edificio: qué determina el riesgo sísmico
Para un ingeniero estructural, la magnitud no es el dato decisivo. Lo que importa es la intensidad del movimiento que efectivamente recibe el edificio: la aceleración y los efectos concretos que llegan desde la zona de ruptura.
El fenómeno se describe como una cadena completa: primero se rompe una falla y se genera una onda; luego esa onda atraviesa la roca, asciende por las capas de suelo y finalmente alcanza el edificio, que responde moviéndose. El riesgo sísmico depende entonces de varios factores combinados: la ubicación de la falla, la distancia hasta la zona de ruptura y las características del suelo que atraviesa la onda. Por eso dos ciudades pueden vivir terremotos de magnitud similar y sufrir daños muy distintos.
Los terremotos no pueden controlarse: las fallas seguirán rompiéndose y los sismos conservarán sus características naturales. Lo que sí puede controlarse es la respuesta de los edificios. Existen hoy tecnología, conocimientos y reglamentos capaces de evitar muertes y reducir daños materiales. Cuando esas herramientas no se aplican, la causa principal no es la falta de posibilidades técnicas, sino la ignorancia, la mala práctica o el incumplimiento de las normas.
De los mitos a la tectónica de placas
La charla repasa también cómo cambió, a lo largo de la historia, la explicación de los terremotos. Aristóteles los atribuía a vientos subterráneos; en Japón existió la representación mítica de un gran pez atrapado bajo el barro cuyo movimiento provocaba los temblores. Estos ejemplos muestran cómo persisten los mitos cuando no se comprende el mecanismo real del fenómeno.
La teoría moderna comenzó a consolidarse con la deriva continental propuesta por Alfred Wegener en 1912 apoyada, entre otras evidencias, en el encaje entre las costas de Brasil y África y se desarrolló especialmente en las décadas de 1950 y 1960 con la tectónica de placas.
La Tierra comenzó como una gran esfera caliente que se fue enfriando desde la superficie. La corteza exterior se fracturó en grandes placas, mientras el interior permaneció caliente. En la región analizada intervienen la placa Sudamericana, la placa de Nazca y la placa del Caribe. La distribución mundial de los sismos confirma que las zonas de contacto entre placas concentran la mayor actividad sísmica, como ocurre en el llamado “anillo de fuego” del Pacífico.
En los bordes convergentes, una placa puede introducirse por debajo de otra: es la subducción, como ocurre entre la placa de Nazca y la Sudamericana. Las placas avanzan entre cinco y diez centímetros por año; como las fallas son rugosas y se traban, la tensión se va acumulando hasta que, al superarse la resistencia, la falla se rompe de manera brusca. Esa liberación repentina de energía es la que produce el terremoto.
Mercalli y Richter: dos formas distintas de medir un sismo
La charla también aclara una confusión frecuente entre dos escalas de uso habitual:
- La intensidad de Mercalli describe los efectos y daños observados en un lugar concreto. Un mismo terremoto puede tener muchas intensidades de Mercalli distintas, según la distancia, el suelo y las características de cada zona. Va del grado I al XII: alrededor del VI aparecen los primeros daños ligeros y grietas, y cerca del XII la destrucción puede ser prácticamente total. El terremoto de Caucete (1977) sirve de ejemplo argentino: también se sintió en Buenos Aires, pero con una intensidad mucho menor que cerca del epicentro.
- La magnitud de Richter, en cambio, busca cuantificar la energía liberada por el terremoto y es un único valor para cada evento. Se relaciona con el trabajo mecánico fuerza por distancia: la fuerza depende de la tensión de ruptura y del área de falla involucrada, y la distancia corresponde al desplazamiento promedio de esa falla. Por eso la magnitud está vinculada al área total de ruptura y a cuánto se desplazó la superficie fracturada, y no simplemente a un punto llamado epicentro.
La conclusión de la charla
El contraste entre Venezuela y Colombia deja una enseñanza central: la magnitud de un sismo no define por sí sola su impacto. La profundidad, la distancia a los centros urbanos, las condiciones del suelo y, sobre todo, la calidad de la construcción y el cumplimiento de los reglamentos sísmicos son los factores que realmente determinan si un terremoto se convierte en una tragedia o en un episodio sin víctimas.
