WABI-SABI
Wabi-sabi es un concepto estético japonés documentado desde el siglo XV, asociado al budismo zen y a la ceremonia del té. Describe una forma de mirar los objetos que valora lo imperfecto, lo asimétrico y lo marcado por el tiempo. Una pieza wabi-sabi —un cuenco de cerámica, un pote irregular— muestra esmaltes desparejos, bordes no uniformes, huellas de uso. El tiempo forma parte de su belleza.
Dentro de esa tradición existe el kintsugi, una técnica japonesa de reparación de cerámica: cuando una pieza se rompe, las grietas se unen con laca y polvo de oro. La fractura no se oculta, se resalta. La pieza sigue siendo funcional y adquiere un valor mayor porque su historia queda visible. Museos y colecciones de arte japonés registran esta práctica como una forma consciente de poner en valor la experiencia del objeto.
En ingeniería, el talento senior se parece mucho a una pieza reparada con kintsugi. Trayectorias largas acumulan marcas: proyectos complejos, decisiones difíciles, tecnologías que cambian. Esas “grietas” no reducen el valor profesional; lo aumentan. Aportan criterio, memoria técnica y capacidad de anticipación.
Organizaciones eficientes entienden esto: integran experiencia en lugar de disimularla. Equipos que combinan conocimiento técnico con historia real suelen responder mejor a la complejidad que aquellos construidos solo sobre perfiles impecables en el papel.
Como en el kintsugi, en ingeniería la experiencia visible sostiene más que la perfección intacta.
Soledad Corbière
Directora de CORBIERE & Co.Technical Recruitment y Socia CAI

