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Punto de ebullición

Durante mucho tiempo, la humanidad interpretó el cambio como un proceso lineal. El agua se calienta grado a grado y el estado general se mantiene. Así solemos pensar también el mundo del trabajo: mejoras incrementales, automatización progresiva, herramientas que se incorporan sin alterar lo esencial.

Hasta que ocurre una transición de fase.

Cuando Copérnico formuló el modelo heliocéntrico, no sólo propuso una nueva descripción astronómica: reordenó el marco conceptual desde el cual la humanidad se pensaba en el universo. Cuando Einstein desarrolló la teoría de la relatividad, mostró que el tiempo y el espacio dependen del sistema de referencia, desafiando intuiciones que parecían universales. En ambos casos, el mundo siguió funcionando, pero bajo reglas que ya no eran las mismas.

La inserción de la inteligencia artificial en el trabajo parece avanzar de manera gradual: automatización de procesos, inteligencia artificial generativa, asistentes que amplifican capacidades humanas. Todo sigue siendo “trabajo”, solo un poco distinto. Ese recorrido resulta predecible para nuestra mentalidad.

La inteligencia artificial agéntica introduce otra lógica: sistemas capaces de decidir, coordinarse y actuar sin intervención humana constante. El agua continúa calentándose… hasta que hierve.

Después del punto de ebullición, el estado ya no es el mismo. El interrogante central ya no es qué tareas van a cambiar, sino qué lugar ocupará lo humano cuando el sistema funcione sin nosotros en el centro, si es que eso ocurre.

Más que certezas, estamos frente a un umbral.

Soledad Corbière

Directora de CORBIERE & Co.Technical Recruitment y Socia CAI